[Reflexión] Madurez de la industria del videojuego

[Reflexión] Madurez de la industria del videojuego

 

     Tras una larga espera por fin tengo una consola que no pude tener en mi infancia, una NES. La probé durante unas horas junto a un amigo, el cual si la disfrutó en su niñez, y lo que salta a primera vista es el mimo con el que se ha creado y la nostalgia que despierta en los usuarios. Ha llegado para traer un pedacito de nuestro pasado y convertirlo en parte de nuestro futuro.

     Políticas aparte lo que queda claro es la diversión. Los juegos de antes, convertidos en juegos de ahora, son directos, juega ya. Tal vez tienen una historia contada en no más de tres segundos, o ni eso, pero no la necesitan, su intención es otra y la cumplen sobradamente. Queda así retratada mi infancia y la infancia de la industria en algo sencillo; diversión directa.

    Desearía pararme a hablar de lo divertida que fue la tarde intercambiando batallitas, hablando de grandes clásicos y compartiendo unas risas, bastantes, por cierto, pero no, no lo haré. Prefiero hablar de la madurez en la industria, de la infancia que es un pasado, aunque no tan lejano como nos gusta retratar. Porque queremos que nuestro hobby y amor por los videojuegos sean evaluados desde un prisma maduro y responsable. Pero eso, al igual que el respeto, hay que ganárselo.

    Con frecuencia se habla de que vivimos una etapa de madurez en la industria porque trata temas adultos ya sea mediante narrativas elaboradas o imágenes “PEGI +18“, nada lejos de la realidad, pero a mí me recuerda más a un adolescente inmaduro, mucho aún, que ve películas para mayores a hurtadillas, que intenta hablar de lo que no sabe porque no ha vivido lo suficiente, o que simplemente grita “eh, miradme, soy un adulto” cuando en su cabeza resuena la voz de un niño confuso como en El guardián entre el centeno, (J. D. Salinger, 1951). La realidad es bien distinta a la que queremos creer que es. La industria, las empresas, los medios y los propios usuarios realizan con frecuencia actos que están, fuera de toda duda, lejos de ser responsables. Tenemos así juegos incompletos, reportajes nocivos, piratería y mucho más, siendo esto sólo algunos ejemplos de los cuantiosos que cometemos con alevosía. Porque si el medio no es adulto, sí es un adolescente lo suficientemente capacitado como para reconocer que hace algo mal a sabiendas de que está mal, pero aun así lo hace.

    El adolescente es tímido a la par que insolente. Se envalentona ante las correcciones, porque él ya no se equivoca. Adopta modas pasajeras porque su rumbo es incierto. Con frecuencia se exculpa y carga con sus errores a otros. El adolescente dice ser un adulto, pero está más cerca del niño que fue que del adulto que será. El adolescente quiere derechos, pero pocas responsabilidades y sin embargo es ahí donde empieza la madurez, aceptando responsabilidades para contigo y el entorno. El videojuego y su industria es ese adolescente, el que dice ser adulto, pero no.

    Supongo que, como todo, lo que necesita la industria del videojuego es tiempo, de hecho, es lo más necesario para crecer y desarrollarse. Necesita tiempo para aprender, para conocerse a sí misma, para aprender de los errores cometidos, para realizarse, para alcanzar metas y, en definitiva, para convertirse en un adulto que de nuevo cometa errores de los que aprender, porque los adultos también se equivocan.

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