[Crítica] Journey

[Crítica] Journey

“El héroe se lanza a la aventura desde su mundo cotidiano a regiones de maravillas sobrenaturales; el héroe tropieza con fuerzas fabulosas y acaba obteniendo una victoria decisiva; el héroe regresa de esta misteriosa aventura con el poder de otorgar favores a sus semejantes.” Joseph Campbell, El héroe de las mil caras.

El mito de Journey narra la historia de un héroe que se adentra en una tierra antaño gloriosa, pero ya olvidada y enterrada por la arena del desierto. El misterio aguarda junto a enemigos imbatibles y tras superar el camino, el héroe, se vuelve más sabio y puede volver al origen de todo lo que le llevo a empezar su viaje.

Las aventuras, desde la Odisea (Homero, siglo VIII a.C.) a El señor de los Anillos (J.R.R. Tolkien, 1954) varían muy poco en cuanto a su plan esencial. Si quitamos el, precioso, envoltorio a Journey no queda nada diferente a esas obras y a la descripción que da Joseph Campbell del monomito en su libro, El héroe de las mil caras (1949). Journey reduce este concepto a su esencia, eliminando todo aquello que puede convertirse en un obstáculo para disfrutar de la obra con un resultado magistral.

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El dominio de la narrativa en videojuego del que hace gala That Game Company es sublime. La mayoría de videojuegos adolecen de disonancia ludonarrativa; mientras que las mecánicas nos cuentan una cosa, la historia del juego va por otros derroteros, pero en Journey ambas se funden dando lugar a un todo indivisible. El control es sencillo y eficaz, empujar el jostick hacia delante tiene un sentido para el viaje y para la historia; pararse a mirar un mural o a contemplar un paisaje es una mecánica que sirve para contarte algo más; cantar con ese sistema, que podría usarse para hablar en morse, nos permite comunicarnos no sólo con el mundo si no también con quienes se crucen en nuestro camino.

Journey es un juego que se disfruta solo, es un ejercicio de abstracción, tú y el mando, y luego que internet obre su magia. Cada partida es diferente incluso para un mismo jugador; puedes jugar sólo o acompañado, acompañado por un único compañero o por diferentes. Si fuera compatible con VR sería un juego con nauseas aseguradas, porque cuando desapareciese de tu vista esa alma tan perdida como tú, te volverías loco girando la cabeza en todas las direcciones que te permitiese tu cuello para volver a encontrarlo. Los vínculos que puede formar Journey rompen con la lógica y convierten un viaje de apenas dos horas en una vida, en una historia de amor y en una aventura. Journey se convierte en lo que tú quieres que sea, porque al final sólo se trata de avanzar, ¿no? Sólo es un juego, ¿verdad? Sólo un juego…

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Journey es poesía en sus mecánicas, Journey es arte en sus imágenes y en su música, Journey es el vuelco al corazón de Stendhal. Jenova Chen dijo: “la grandeza de un ser humano se mide por el valor que puede aportar a la sociedad.” Es grande, él y su equipo. Nada de lo que yo diga aquí le hará honor al juego, no puedo, o no sé, explicar con palabras lo que debe ser sentido y experimentado por uno mismo. Journey eleva al videojuego y de paso a la sociedad. Y es por ello, por lo que el mundo es un lugar mejor con Journey que sin él.

 

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